La función principal del Futuro Perfecto es mostrar que una acción estará terminada para un momento determinado en el futuro. Este tiempo se utiliza a menudo cuando miramos desde el futuro hacia una acción que ya habrá terminado para ese momento.
Por ejemplo:
Para el viernes habremos preparado el informe.
Para el viernes habremos preparado el informe.
Aquí lo importante no es el proceso de preparación, sino el resultado para el viernes: el informe ya estará listo.
Otro ejemplo:
Cuando llegues, ya habré cocinado la cena.
Cuando llegues, ya habré cocinado la cena.
En esta oración hay dos momentos: el momento de la llegada y la acción que se completará antes de ese momento. La cena estará lista antes de que la persona llegue.
El Futuro Perfecto también se usa para expresar suposiciones sobre el pasado. Este es un punto muy importante, porque en otros idiomas estas frases suelen traducirse con palabras como “probablemente”, “seguramente”, “debe de haber”.
Por ejemplo:
¿Dónde está Ana? — Habrá salido.
¿Dónde está Ana? — Probablemente ha salido.
Formalmente, es un tiempo futuro, pero el significado se refiere al pasado o al resultado presente: el hablante supone que la acción ya ha ocurrido.
Más ejemplos:
No encuentro mis llaves. Las habré dejado en la oficina.
No encuentro mis llaves. Seguramente las he dejado en la oficina.
Pedro no contesta. Se habrá quedado dormido.
Pedro no contesta. Lo más probable es que se haya quedado dormido.
Esta variante aparece con frecuencia en el habla cotidiana. Los españoles usan el Futuro Perfecto no solo para hablar de planes, sino también para expresar deducciones lógicas.