Si hablamos con precisión, los sustantivos españoles no tienen los casos a los que estamos acostumbrados. Una palabra no cambia su terminación cada vez que cambia su función en la oración. En ruso decimos: дом, дома, дому, домом, одоме. En español, en cambio, el sustantivo normalmente permanece igual, y el significado necesario aparece gracias a una preposición o al orden de las palabras.
Veamos un ejemplo sencillo con la palabra casa:
Veo una casa.
Veo una casa.
Estoy en una casa.
Estoy en una casa.
Hablo de una casa.
Hablo de una casa.
Voy a una casa.
Voy a una casa.
En la traducción al ruso o al ucraniano, la forma de la palabra cambiaría. En español, casa sigue siendo casa. Solo cambian las pequeñas palabras que aparecen delante: en, de, a. Ellas asumen el trabajo que en ruso o ucraniano suelen hacer las terminaciones.
Por eso, la expresión “casos en español” debe entenderse de manera condicional. El español no obliga a memorizar seis formas de un mismo sustantivo, pero aun así muestra quién realiza la acción, hacia quién se dirige la acción, a quién se le da algo, de qué se habla y con quién se hace algo.
Por ejemplo:
el coche de Pedro — el coche de Pedro;
una carta para mi madre — una carta para mi madre;
trabajo con Luis — trabajo con Luis;
pienso en mis planes — pienso en mis planes.
Es decir, los significados de caso del ruso o del ucraniano no desaparecen. Simplemente el español los expresa no con terminaciones, sino con preposiciones y construcciones. En cambio, los pronombres sí cambian de forma de manera más visible: yo, me, mí son formas diferentes, aunque pueden referirse a la misma persona.