El origen latino común se percibe claramente en el vocabulario. Palabras como familia y família, música y música, o importante e importante pueden entenderse prácticamente sin traducción. Una persona que ya conoce una de las dos lenguas suele aprender el vocabulario de la otra con mayor rapidez.
Sin embargo, esta ventaja también puede convertirse en una trampa. Algunas palabras tienen una forma parecida, pero significados completamente diferentes. Estas parejas se conocen como falsos amigos.
La palabra española embarazada significa que una mujer está esperando un hijo. En cambio, la palabra portuguesa embaraçada significa «avergonzada», «confundida» o «en una situación incómoda». En español, apellido es el nombre familiar de una persona, mientras que en portugués apelido suele significar «apodo». La palabra oficina normalmente designa un lugar de trabajo en español, pero en portugués suele referirse a un taller o establecimiento de reparaciones.
Incluso el vocabulario cotidiano puede cambiar. En español se dice autobús. En Portugal es frecuente escuchar autocarro, mientras que en Brasil se utiliza ônibus. Para hablar de una chica, en español se emplea chica; en Portugal, rapariga; y en Brasil, menina o garota.
La palabra rapariga demuestra por qué no conviene aprender vocabulario sin tener en cuenta el contexto. En Portugal es una forma completamente normal de referirse a una chica o una mujer joven. En Brasil, por el contrario, puede resultar ofensiva o adquirir una connotación desagradable. Formalmente se trata de la misma lengua, pero la elección adecuada de las palabras depende del país.